Recogimiento


El sábado fue un día de descanso. Casi todos querían dedicar una día a no hacer nada, simplemente a descansar.

Yo pensaba salir un poco por la tarde a eso de las 6 pero el tiempo se puso muy feo y se me fueron las ganas. Aquella tarde aparecieron unas nubes por las montañas de alrededor que parecían ir descendiendo por sus laderas como una avalancha a cámara lenta. Nos quedamos embobados contemplando el fenómeno pensando si llegarían hasta nuestra altura, pero la cosa no fue a más.

La cena

En realidad el único plan del día era pegarse una buena cena en Potes. A falta de sardinas cenaríamos en un asador.


El pelotón de los GOES

 

El jueves tocaba senderismo y lo teníamos todo perfectamente planeado hasta el último detalle... Bueno en realidad no, así que fuimos a un punto de información para que nos recomendaran algunas rutas y de paso preguntamos si creían que llovería.

 

Haciendo gala de mi carisma, liderazgo y capacidad para la toma de decisiones críticas me desmarqué de los que preguntaban en el punto de información turística y, mientras tanto, me hice amigo de una cántabra pelirroja que se encontraba por allí: