El viaje de ida

El viaje hasta Ciudad Real fue pesado. como todos los viajes largos. Además Ernesto quiso rememorar viejas hazañas y si en la vuelta de Cantabria nos perdimos porque hizo caso de su GPS esta vez dimos un rodeo de 25 km porque decidió pasar de el: al llegar a un cruce que señalaba a derechas la dirección a Villarobledo y pese a que el aparatito indicaba seguir recto, el más famoso cazador de elefantes de Vall d' Uxò giró frenéticamente el volante poniendo a prueba el sistema de estabilidad de su Picasso. Sufrimos una aceleración lateral de 9 g llegando a tener visión de tunel pero fue tan sólo un instante.


La cena

Pero no todo iban a ser malas noticias. La ventaja de llegar tarde un 31 de Diciembre es que te reciben con la mesa puesta y con todo preparado. En seguida llamó mi atención que alguien se había tomado la molestia de colocar nombres en cada sitio para la cena y, además, imaginé que eso significaría algo en mi caso. Pero algo me distrajo y no me di cuenta hasta que me senté a cenar: Isa, la devoradora de sardinas, me había preparado un maravilloso set de cubiertos y platos de plástico para que no pudiera romper nada con esa habilidad en el manejo de utensilios que me caracteriza.


El inevitable karaoke

Y después de la cena con los correspondientes vinos, las uvas, el brindis y los cubatas estábamos listos para el Sing Star. Todos sufrimos alguna tranformación cuando llegó nuestro turno:


Ernesto fue por unos momentos una mezcla de gondolero veneciano y rapero:


A Toni le dio por fusionar flamenco y pop, vamos que cantó unas cuantas canciones sin levantarse de la silla:



Las chicas se atrevieron con una canción de Juanes pero cantar y bailar a la vez fue demasiado para ellas:

 

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